¿Cómo puede un ciclista mantener la forma con poco esfuerzo?

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La llegada del invierno es sinónimo del fin de la buena forma física para una buena parte de los cicloturistas hace unos años. La venida del frío y de la lluvia provoca que salgan con una menor frecuencia a pedalear y, por tanto, que su rendimiento sobre la bicicleta sea peor que en la época estival, cuando alcanzaban su pico anual.

Esta actitud resulta fácil de corregir, pues existen sencillas rutinas que te permitirán mantener un buen comportamiento sobre el terreno en el que te muevas con tu bicicleta en cualquier época del año. Todo ello, sin necesidad de realizar un pingue esfuerzo físico. Tan sólo aplicando cierto criterio a la hora de ejercitarse, siendo un poco disciplinado y siendo un poco constante.

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Uno de los aspectos que cabe tener en cuenta a la hora de realizar una preparación en ciclismo es el de las “sensaciones” que se viven encima de la bicicleta, las cuales son personales e intransferibles en cada corredor. Porque, al igual que en otros deportes, en en éste se premia la constancia, de modo que un cicloturista que invierta una parte de su tiempo encima de la bicicleta obtendrá tarde o temprano resultados satisfactorios.

Eso sí, cada individuo es un mundo, y resulta muy común eso de que tras cinco o seis días de sufrimiento en los entrenamientos, a partir del séptimo se alcance un estado de forma óptimo y, se diría, que casi de forma repentina. Esto forma parte de la magia del ciclismo.

Esas “sensaciones” son las que permitirán a los pedalistas determinar cuándo han alcanzado su pico de rendimiento en la superficie deseada (la preparación no será la misma para una prueba de ruta llana que para una MTB en tierra, lógicamente). Una vez que esto ocurre, resulta fundamental mantener un ritmo de entrenamiento adecuado, algo que se conseguirá alternando actividad con descansos.

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Uno de los errores más comunes que cometen los cicloturistas que preparan una prueba determinada con la intención de obtener un gran resultado es el de obviar los periodos de descanso. Esta actitud se puede definir como un error de principiante, dado que los periodos inactividad o los días de ritmo bajo son tan necesarios como los de persecución de un grupo o los de subida a una cota exigente.

Existe la falsa creencia, entre una parte de los deportistas amateur, de que entrenarse a un ritmo poco o nada exigente durante dos o tres días va en detrimiento de su buena forma, cuando realmente estos días resultan fundamentales para preparar al cuerpo para superar el techo físico que haya alcanzado hasta ese momento. Es decir, el descanso está íntimamente relacionado con los buenos resultados y, una vez se alcanza la forma óptima, resulta tan importante como la realización de series o rutinas.

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Dicho esto, para mantener la buena forma física resulta importante alternar los días de rodar en grupo, repartiendo esfuerzos, con los de realizar series individuales más exigentes. Resulta sencillo mantener las buenas sensaciones en la bicicleta si un par de días a la semana efectúas rutinas de tres, cuatro o cinco minutos a un ritmo alto, seguidas de otras, equivalentes al mismo tiempo, a otro de rodaje.

El mantenimiento del número de repeticiones a lo largo de las semanas será sinónimo de que el entrenamiento está funcionando y de que tu rendimiento no decrece. Lógicamente, esta práctica se debe adaptar a las características de cada ciclista, de modo que los periodos de máximo esfuerzo sean más o menos largos en función de sus posibilidades o pretensiones.

La gran pregunta es: si se sigue esta rutina durante dos días a la semana, ¿hay que renunciar el resto a salir en bicicleta? En absoluto. Rodar unas decenas de kilómetros a un ritmo normal ayudará a que mantengamos la forma, sin que nuestro organismo se someta a esfuerzos elevados que impidan la correcta recuperación.

Si logras combinar estos factores, no sólo mejorarán tus sensaciones globales cuando pedalees, sino que encararás la preparación de las pruebas que te propongas con una mayor predisposición al éxito. Y, por supuesto, considera siempre que el mejor termómetro sobre ti mismo eres tú, de ahí que resulte fundamental que aprendas a reconocer tus comportamientos encima de la bicicleta, en cada una de las superficies.

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