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ESCAPADA EN AUTOCARAVANA (II): DESIERTO DE TABERNAS Y SIERRA DE ALHAMILLA

18 mayo, 2013

Tras el merecido descanso en la parcela del Camping de Cabo de Gata, la cervecita en la terraza de su bar y la suculenta cena de pasta por nuestro chef Alfonso, nos marchamos a dormir dentro de nuestro mortorhome.

Alfonso, nuestro querido chef del viaje.
La mañana siguiente el reconfortante desayuno a modo de zumo de naranja recién exprimido, tostadas con mermelada, Nutella y vasos de leche caliente con Nesquik nos dio las energías suficientes para poner rumbo a Tabernas y recorrer su cinematográfico desierto con un apéndice de altura por la Sierra de Alhamilla.
-RUTA-

En el parking público situado en la entrada de Tabernas establecimos nuestro taller ambulante para la puesta a punto de las bicis. Un poco más tarde de la hora programada salíamos rumbo al seco, peculiar y recortado Desierto de Tabernas.
Puesta a punto en el parking público de Tabernas.
Dirigidos por una de las crónicas del libro “Rutas en bicicleta de montaña” de Juanjo Alonso editada por El País-Aguilar, salimos por un camino asfaltado por debajo de la N-340 para cruzar, casi consecutivamente, las ramblas de la Galera y Benavides. Éstas, aparentemente sobre la bicicleta, son simples ondulaciones del terreno en las cuales no hay un solo atisbo de humedad en sus cauces.
Un camino en buen estado, con un ascenso muy leve nos permite ir cogiendo altura poco a poco. Balizado mediante hitos con marcas cinematográficas nos recuerdan que estos paisajes fueron escenario de muchas de las películas del western americano de los años 50.
Cuando ya hemos tomado una altura considerable nos encontrarnos un panel informativo a la derecha de nuestro sentido, a penas a 3 kilómetros del inicio de nuestra partida. En él se nos muestra la diferentes localizaciones de decenas de películas dentro de este llano de Benavides, cercado por lomas características del cine del oeste y su afamado Cerro del Búho.
Panel informativo con localizaciones de películas.
Continuamos con nuestra marcha pasando un nuevo barranco, con las mismas características que los anteriores. Tras el, nos topamos con unas cancelas en mitad del camino que salvamos sin problema, donde no vimos ningún cartel que nos impidiese el paso, a pesar de que nos llevaba directamente a un semiderruído y abandonado caserío.
Poco a poco nos fuimos adentrando en un laberinto desordenado de ondulaciones con escasa vegetación. Divertido tramo en el que nunca dejamos de tomar altura y por el que que serpenteamos alternando porcentajes de desnivel. Estábamos transitando por las Lomas de Gérgal.Estos primeros kilómetros mantenían una leve y continua pendiente desde casi el principio de la ruta que nos permitía ir disfrutando de este peculiar paisaje y su cinematográfica historia.
Por las lomas de Gérgal

Por momentos las sintonías de Ennio Morricone resonaban en mi cabeza. La imagen de Clint Eastwood mascando paja en algunas de sus exitosas películas como “La muerte tenía un precio” o “El bueno, el feo y el malo” se asomaban en la mente como si fuesen a aparecer detrás cualquiera de estas lomas con revolver en mano.

A los 7 kilómetros del inicio, el camino llega a una caseta y las rodadas del suelo desaparecen. Es aquí donde debemos sacar nuestras dotes de orientación y complementarlas con la información adquirida mediante una conversación privada con el propio Juanjo Alonso, el cual me recordaba que la guía que estábamos siguiendo fue editada hacía ya 8 años, y que tal vez algunos tramos estuviesen borrados por la vegetación.

Estábamos en ese punto, sabía dónde tenía que llegar, a penas 300m mas allá, al otro lado de la rambla de las Cañadas; pero no parecía haber habido ningún camino que comunicase ambos puntos, ni ahora ni cuando se editó la guía. Así que pusimos modo “raid” en el GPS y trazamos una línea recta entre este punto y el siguiente.

Alfonso en el tramo de porteo de la bici.

Unos minutos más tarde, después de empujar un poco la bici y salvar la susodicha rambla, estábamos de nuevo sobre un camino bien marcado que coincidía con el punto más alto de nuestro recorrido por el desierto, 652msnm, y muy próximos al Cerro Colorado (668msnm), techo de este árido paraje.

Tocaba ahora disfrutar de la bajada. Un rápido y peligroso descenso por unas tierras rojizas y un gran desnivel negativo. La pista, cada ciertos metros era atravesada diagonalmente por intencionados badenes para drenar las posibles lluvias y evitar la erosión del terreno, canalizando el agua hacia los laterales.

Cerca del punto más alto del desierto.

La velocidad nos obligaba a centrar la atención en la pista impidiéndonos disfrutar de las peculiares vistas que todo este diferente enclave nos ofrecía gracias a la altitud conseguida. Tras tres kilómetros de un vertiginoso descenso, llegamos hasta el Cortijo de la Haza Blanca.

Para salir de este caserío seguimos la pista que se dirige hacia la carretera, pero antes de llegar a ella debemos descender hasta la rambla de Valderecho. El camino continúa de frente, pero nosotros nos desviaremos para seguir por el propio cauce de la rambla, “aguas” abajo.

Geomorfología espectacular, debido a las erosiones.

Es en este momento cuando disfrutamos de una conducción entre piedras, tarays y bancos de arena donde debemos elegir la mejor trazada para salvar los obstáculos que la naturaleza nos pone en nuestro camino. Las pequeñas dificultades que nos podamos encontrar son fácilmente solventadas por la leve inclinación negativa que nos facilita nuestro pedaleo.

Rodando por la rambla.

Tramos anchos con otros estrechos donde deberemos ponernos en fila de uno, pero siempre rodeados de espectaculares paredes erosionadas por las lluvias torrenciales que repentinamente aparecen en la zona.

El tramo serpentea por desfiladeros en los cuales, de vez en cuando, nos obligaba a alzar la mirada como si nos sintiésemos observados por los Sioux mientras que cabalgábamos con el Séptimo de Caballería.

Cienematográficos desfiladeros.

A uno y otro lado de este lugar se levantan escenarios de poblados del Spaguetti Western, unos olvidados, otros rehabilitados como reclamo turístico. De una u otra forma tienen todos su interés.

Uno de los poblados rehabilitados.

Esta rambla por la que circulamos desemboca en su homónima de Tabernas, la cual tomamos a la izquierda. En esta ocasión rodaremos “aguas” arriba disfrutando de unas de las vistas más filmadas por Sergio Leone.

Deberemos estar atentos para tomar un sendero escondido que sale a la derecha de nuestra marcha, que asciende la loma recortada de la rambla para salir a la carretera a la altura del Parque Temático “Mini Hollywood”

Saliendo de la rambla de Tabernas.

Cruzamos la carretera N-340 y llegamos al parking de este lugar, donde terminaría la primera parte de nuestro viaje.

En la segunda mitad afrontamos el ascenso hasta el Pico del Puntal (1288msnm) dentro del Paraje Natural de la Sierra de Alhamilla. 18 retorcidos kilómetros que ponen a prueba la psicología de todo biker que se precie. Las omnipresentes antenas de telecomunicación se toman como referencia visual desde el inicio del ascenso.

La Sierra de la Alhamilla, con sus antenas.

El camino es una pista asfaltada, pero en muy mal estado de conservación. El viento hacía presencia y debido a las interminables recurvas, en unas ocasiones ayudaba al ascenso y en otras lo hacía más complicado.

Desiesto de Tabernas. Al fondo, Sierra Nevada.

Abajo quedaba poco a poco el desierto de Tabernas. Y por momentos, más al fondo, se asomaba imponente Sierra Nevada.

Con la altura comenzaba a aparecer la vegetación la cual tapaba todo tipo de referencias visuales con la cima.

Una y otra curva. Una sucesión continua de revueltas que consigue limar la paciencia de cualquier ciclista. Ya no sabía si tomar con referencia los kilómetros lineales recorridos o los metros de altura restantes hasta la cima.

Primera parte del ascenso, con escasa vegetación.

Con tenacidad, constancia y una pizca de testarudez conseguimos llegar al collado del Aljibe que daba paso a la ladera sur. Sus vistas recompensaban todo el esfuerzo realizado. Levantando la mirada podíamos observar todo el Golfo de Almería y el Cabo de Gata.

Pero aún quedaba ascender un poco por esta otra vertiente, la sur, y conseguir pasar bajo los pies de las antenas que veíamos lejanas al principio del ascenso. Rodamos hasta llegar al punto más alto de la ruta, 1308msnm. Una veintena de kilómetros más allá se divisaba de nuevo el intenso azul del mar.

Era curioso como podíamos observar con un simple giro de cabeza dos parajes completamente opuestos. Por un lado, hacia el sur, el mar Mediterráneo. Al otro, hacia el norte, el desierto de Tabernas. Impactante, cuanto menos, esa mezcla de percepciones, colores y sensaciones.

El mar Mediterráneo, desde la Sierra de Alhamilla.

Definitivamente comenzamos el descenso, largo, interminable. Directo hacia Tabernas. De nuevo por su ladera norte y pasando por el caserío de Los Góngoras. 13 kilómetros de bajada en la que pudimos sentir el aumento de temperaturas a medida que descendíamos cada uno de esos mil metros de desnivel acumulados. Al igual pudimos también sentir el taponamiento de nuestros oídos debido a la diferencia de presión de alturas. El GR-140 se hizo presencia en algunos de estos tramos de bajada, confirmado por algunos hitos que nos acompañaban en nuestro camino.

Iniciando la bajada, las omnipresentes antenas.

Ya en la última parte del descenso entramos en una nueva rambla que nos conducirá directamente al paso con la carretera N-340. No tomamos su paso natural bajo el puente y salimos al asfalto, por el que apenas quedaba a un par de kilómetros hasta el punto de salida, que nos permitió relajar nuestras piernas.

Ultimo tramo del descenso, por una rambla,

Allí montamos, a la sombra de unos árboles, nuestra comida. Fuera de la autocarava, tirados en la sombra comentando las anécdotas ocurridas durante la jornada de hoy. No habría tiempo para descansar puesto que teníamos que desplazarnos hasta nuestro nuevo camping, ya en tierras granadinas en busca de Las Alpujarras.

David Moreira, “MoreOcio”

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