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Las microtransfusiones, el reto que sigue pendiente

28 octubre, 2019

Desde el momento que el pasaporte biológico fue instaurado en los deportes de altas competiciones, las autotransfusiones pueden ser detectadas.

El estudio sobre las microtransfusiones

A pesar de ello, se ha llevado a cabo un estudio en el departamento de Deporte y Nutrición en la Universidad de Copenhague, que ha estado dirigido por el profesor Nordsborg y que arroja resultados alarmantes sobre lo difícil que resulta descubrir el dopaje sanguíneo  cuando se trata de una dosis de sangre muy pequeña la que se introduce en el organismo.

Ya hace un tiempo que se habla de las microtransfusiones, pero aparentemente no se había tenido tan en serio como para realizar pruebas científicas, como la mostrada por el canal TV2 Sport en Dinamarca, en el que los resultados concluyen que con tan solo una mitad de bolsa con contenido de sangre, unos 135 mililitros, es aumento en el rendimiento es bastante significativo.  

Antes se habían realizado algunos experimentos parecidos a este, pero las cantidades de sangre que había sido utilizadas eran mucho mayores, unas 2 o 3 bolsas con contenido sanguíneo.

Chris Anker Sorense en el canal TV2 Sport de Dinamarca lo expresó así: “Pienso que el sistema antidopaje funciona, pero este método es muy difícil de detectar”.

Los científicos que llevaron a cabo la investigación, inocularon unos 135 mililitros de glóbulos rojos en nueve personas, todas ellas hombres, con un alto rendimiento en el deporte. Tenían un promedio de edad de 29 años, obteniendo como resultado que el rendimiento de los individuos en pruebas de bicicletas aumentó hasta un 4,7 %.

Nordsborg dijo como explicación al canal de Dinamarca “En el contexto de la élite, supone una gran mejoría si tenemos en cuenta que en la alta competición internacional se deciden por márgenes del 1% o el 2%. Desgraciadamente hemos podido comprobar que una pequeña cantidad de sangre produce una mejora significativa del rendimiento”.

Se trata de una mejora que es capaz de mejorar unos minutos por cada 40 de carrera, con respecto al mismo individuo sin que se haya realizado la autotransfusión de la “media bolsa con sangre”.

La potencia de la persona transfundida aumenta significativamente, según los resultados del estudio científico, alrededor de unos 10 vatios.

En relación con la actividad particular de las agencias expertas en antidopaje, el estudio científico realizado ha dado como resultado, según los investigadores,  que debe ser impuesta algunas exigencias nuevas, que puedan actuar certeramente contra el fraude deportivo que cada vez se vive más.

Nordsborg ha destacado”Ahora que vemos que el rendimiento puede mejorarse significativamente de esta manera, debemos priorizar el desarrollo de nuevos métodos que puedan detectar el abuso”.

El ciclista Alberto Contador, miembro del equipo Saxo Bank y el Tinkoff-Saxo comentó al respecto lo siguiente.”Me sorprenden los resultados del estudio.

Siempre pensé que el sistema antidopaje funcionaba y lo sigo pensando, pero ahora ve que este método es muy difícil de detectar. En mi carrera no he visto nunca en los hoteles que se utilizara sangre”. Bajo las órdenes del director de equipo Bjarne Riis.

Chis Anker Sorensen, duda que exista más dopaje de este tipo en la actualidad,  por lo que dice “”Basta ver los tiempos que se hacen en Alpe d’Huez, que son más lentos cada año, a pesar de la mejora de los materiales”.

Las transfusiones como método de dopaje

Las transfusiones sanguíneas como método de dopaje fueron descubiertas en el año 2004, en un laboratorio de Suiza en Lausana. Evidentemente no era la primera vez que un deportistas cometían este fraude pero si la primera que se descubría.

Ese 18 de septiembre fue un día negro para el ciclista estadounidense Tyler Hamilton, quien después de haber culminado el Tour de Francia en el año 2003 con una de las clavículas rotas, y convertirse en campeón olímpico en el crono de Atenas, y en todo un icono del ciclismo, pasó al bochorno por una prueba sanguínea tras una competición contrarreloj en la Vuelta a España en donde se comprobó el fraude.

Hasta entonces, la detección de dopaje sanguíneo era un método que implicaba mucho coste y no todos los laboratorios lo realizaban.

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